Día 16, 5 de enero de 2009 (mañana... ¿vendrán los Reyes Magos hasta aquí?)
Madrugón del bueno: a las 4:15 a.m. (sí, de verdad, doy fe, ANA FERNANDEZ se levantó a esa hora!!!!! Algo histórico que no creo que se vuelva a repetir, a no ser en estos mismos lares...). Salimos a las 5 a.m.
El sol salió a las 6 a.m.
IM-PRESIONANTE.
El lugar donde llevan a los turistas para verlo te permite ver, a la derecha, a lo lejos, Kata Tjuta, mientras contemplas la belleza de los miles de colores violetas, rosados, rojizos y anaranjados de la cara este del Uluru saludando al sol y al nuevo día.
Es la parte más antigua de la roca, que tiene origen doble, uno más antiguo que otro, y que se ve claramente por las vetas de la piedra, de direcciones diferentes en una mitad y en otra... muy curioso.
La base del triángulo, por así decir, es la que veíamos. Y es ahí donde quedó estampada la cara de uno de los Mala muertos por el monstruo, según cuenta la leyenda de los aborígenes que viven y cuidan de Uluru.
Luego, como Dios manda, un desayunito junto al espectáculo y a dar una "vuelta" a la roca.
Esto sí que nos gustó.
Afortunadamente, al amanecer, la temperatura no es tan alta (pero hace calor), e incluso hubo una brisa fresca muy agradable!!!
Estuvimos holgazaneando (nuestro deporte favorito en el desierto de Australia) durante el día; léase piscina, siesta, siesta, peli, siesta...
Hasta que nos pusimos "arreglás pero informales" para nuestra súper-cena en el desierto.
Vimos anochecer entre Uluru y Kata Tjuta, con una copa de champán en la mano, canapés de cocodrilo y música del digeridoo de Dwain (para mayor deleite de la Fer, todo hay que decirlo).
Tras el cocktail, pasamos a la cena en sí. Cocodrilo y canguro entre pollo y cordero.
Y, por último, ¡a ver las estrellas!
En ese cielo raso, donde casi parece que puedes tocarlas.
Vimos salir la Cruz del Sur y, por telescopio vimos Orión y otras estrellas, incluida el diamante (¿Sirius?). También vimos la luna y sus cráteres por unos prismáticos de alta potencia.
¡Una auténtica gozada!
La Fer disfrutó como una niña aussie auténtica.
¡Ah! Y aprendimos a identificar el Sur celeste, no el geográfico...
Realmente una gran experiencia difícil de olvidar.
Frase del día: "Hemos tenido nuestro momento Rodríguez de la Fuente".
Madrugón del bueno: a las 4:15 a.m. (sí, de verdad, doy fe, ANA FERNANDEZ se levantó a esa hora!!!!! Algo histórico que no creo que se vuelva a repetir, a no ser en estos mismos lares...). Salimos a las 5 a.m.
El sol salió a las 6 a.m.
IM-PRESIONANTE.
El lugar donde llevan a los turistas para verlo te permite ver, a la derecha, a lo lejos, Kata Tjuta, mientras contemplas la belleza de los miles de colores violetas, rosados, rojizos y anaranjados de la cara este del Uluru saludando al sol y al nuevo día.
Es la parte más antigua de la roca, que tiene origen doble, uno más antiguo que otro, y que se ve claramente por las vetas de la piedra, de direcciones diferentes en una mitad y en otra... muy curioso.
La base del triángulo, por así decir, es la que veíamos. Y es ahí donde quedó estampada la cara de uno de los Mala muertos por el monstruo, según cuenta la leyenda de los aborígenes que viven y cuidan de Uluru.
Luego, como Dios manda, un desayunito junto al espectáculo y a dar una "vuelta" a la roca.
Esto sí que nos gustó.
Afortunadamente, al amanecer, la temperatura no es tan alta (pero hace calor), e incluso hubo una brisa fresca muy agradable!!!
Estuvimos holgazaneando (nuestro deporte favorito en el desierto de Australia) durante el día; léase piscina, siesta, siesta, peli, siesta...
Hasta que nos pusimos "arreglás pero informales" para nuestra súper-cena en el desierto.
Vimos anochecer entre Uluru y Kata Tjuta, con una copa de champán en la mano, canapés de cocodrilo y música del digeridoo de Dwain (para mayor deleite de la Fer, todo hay que decirlo).
Tras el cocktail, pasamos a la cena en sí. Cocodrilo y canguro entre pollo y cordero.
Y, por último, ¡a ver las estrellas!
En ese cielo raso, donde casi parece que puedes tocarlas.
Vimos salir la Cruz del Sur y, por telescopio vimos Orión y otras estrellas, incluida el diamante (¿Sirius?). También vimos la luna y sus cráteres por unos prismáticos de alta potencia.
¡Una auténtica gozada!
La Fer disfrutó como una niña aussie auténtica.
¡Ah! Y aprendimos a identificar el Sur celeste, no el geográfico...
Realmente una gran experiencia difícil de olvidar.
Frase del día: "Hemos tenido nuestro momento Rodríguez de la Fuente".
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